Salgo de mañana a la grisácea y hostil ciudad granja dejando mi abyecta forma de ser en el bungalow. Olvidé todo y se quedó en mi cuarto mientras la humedad y el remordimiento consumen la nostalgia de seguir atrapado en una maravillosa casa para uno. Me siento bien. Seguimos intentando no fallar en un jardín de errores. ¿Cuál es el punto de estar bien si todo puede seguir estando exactamente mal? Dicen por ahí que respirar es el vivir y que tomar siempre termina con tocar tu anatomía. Es otra historia, mismo dolor.